Pizza de calabacín y ricotta



Escribo este post aún sabiendo que muchos de vosotros estaréis ya de vacaciones, disfrutando de unos días de descanso y depende de dónde estéis, también de unos días de sol...  Yo no quería despedirme sin antes dejaros una recetita rica para esos días que tienes pocas ganas de cocinar pero que sin embargo sí te apetece disfrutar degustando.  


Se trata de una receta de mi chef preferido, Jamie Oliver, del que he probado varias recetas suyas convirtiéndose todas en un éxito.  

Ésta no iba a ser menos con los ingredientes que lleva: calabacín, queso ricotta, romero y aliñada con zumo de limón y aceite de oliva virgen extra... ¡Sensacional!



No es la primera vez que uso el calabacín como ingrediente principal en una pizza, de hecho, una de mis pizzas favoritas es la de calabacín con jamón, que si os perdisteis la receta podéis consultarla de nuevo aquí... La jugosidad que le da el calabacín es música celestial en el paladar, en serio, probadla porque será una de vuestras preferidas ;).


Esta vez he hecho yo la masa, siguiendo las insturcciones de Ibán Yarza y su libro Pan Casero.  Me he propuesto iniciarme el mundo "panarra" aunque admito que le tengo un gran respeto, pero creo que todo es empezar, ¿no creéis?

Ingredientes:

Para la masa:

- 525 g de harina panificable
- 340 g de agua
- 20 g de aceite de oliva
- 10 g de sal
- 5 g de levadura fresca

Para el relleno:

- 1 calabacín cortado en juliana
- 200 g de queso Ricotta
- Unas ramitas de romero fresco
- El zumo de medio limón
- Aceite de oliva virgen extra

Preparación:

Esta es una pizza sin amasado.  Lo único que hemos de tener en cuenta es hacerla uno, dos o tres días antes de consumirla y guardarla en la nevera.

Preparamos todos los ingredientes, pesándolos de antemano para tenerlos a punto para cuando los necesitemos.

Disolvemos la levadura en el agua e incorporamos todos los ingredientes en un bol.  Mezclamos todo con la mano y dejamos reposar en el mismo bol unos 15 minutos.

Transcurrido el tiempo, pasamos la masa a la mesa y pliégala sobre sí misma.  Dejamos reposar otros cinco minutos.

Dividimos la masa en tres partes iguales, de unos 300 g, y los guardamos en tres o botes o bolsas untados con aceite.

Cuando vayas a usar la masa, enharina la superficie de trabajo y aplástala con los dedos. Seguimos estirando la masa con la yema de los dedos hasta conseguir un diámetro de unos 15 cms, después, posaremos las dos manos sobre la masa e imitaremos el movimiento del parabrisas de un coche, sólo que en lugar de ir los dos en la misma dirección, irán de dentro para fuera y de fuera para adentro...  Así de esta forma iremos estirando nuestra masa.

Cuando ya tengamos la masa lista, colocaremos los ingredientes encima, el calabacín, el queso ricotta, las hojitas de romero, el zumo de limón y un buen chorro de AOVE.

Hornearemos a 250ºC hasta que esté dorada.  

Según Ibán Yarza, lo ideal es hornear los primeros minutos con el horno bien caliente directamente sobre la base del horno, de esta forma, la base de la pizza quedará más crujiente.  Después la pasaremos debajo del grill otros pocos minutos.



Todos los que me seguís por Facebook, Twitter o Instagram ya lo sabéis, pero me hace especial ilusión anunciar que soy una de las colaboradoras de Dulcesol y que a partir de ahora, también podréis ver recetitas ricas en Sweet Life, una revista de gastronomía, sonrisas y dulces.  Mi primera aportación para la revista: Bocaditos de chocolate.  ¡Espero veros por allí también!

Y ahora sí, me voy, que paséis unas felices vacaciones y os quiero ver a todos de vuelta, ¿eh?